Robot sexual abusado durante festival de arte electrónico

Post by Arturo Varas
hace 12 meses
Samantha
Samantha

A finales del mes de septiembre, Sergi Santos, el creador de Samantha un robot sexual, expuso su creación en el Festival de Arte Electrónico de Linz, Austria. Sin embargo, su creación se vio perjudicada por la depravación humana después que terminara mutilada por los constantes y violentos y ‘tocamientos’ que recibió durante el evento. Irónicamente Austria esta entre los cincos primeros países más pacíficos del mundo.

La gente puede ser mala. Al no entender la tecnología y al no tener que pagar por usarla. Trataron a la muñeca como bárbaros”, declaró Santos.

Cabe recalcar que anteriormente, el especialista en Inteligencia Artificial David Levy, dijo, “en el 2050 el sexo con robots será tan popular, que las parejas humano-robots serán comunes y el matrimonio con robots legal”. Sus comentarios causaron conmoción durante el segundo congreso de Love and Sex With Robots que se realizó a finales del 2016 en Goldsmith University de Londres, Reino Unido.

El reciente atentado contra la robot sexual es una clara muestra de cómo la robótica está preparándose para convertirse en pieza clave de la vida sexual de los humanos hasta cambiarlo todo.

Lo más lamentable de este suceso, es que a pesar de los altos niveles educativos o sociales que pueda llegar a tener el ser humano, está creación deja en evidencia la decadencia moral del hombre, quien continúa viendo a la mujer como un objeto, aunque ésta sea un robot.

Los participantes del festival desbarataron a la robot tras violentos manoseos, pese a que la maquina está programada para que la toquen, pero sus visitantes no tuvieron ningún pudor en besarla, acariciar sus partes íntimas hasta el punto de acabar destrozándola.

Los hombres que decidieron probar a Samantha la usaron bruscamente, penetrando sus dedos con tal violencia que la muñeca debió ser retirada para que la reparen. El triste diagnóstico de Sergi reveló que su creación termino con dedos y pechos rotos.

Santos, es un científico experto en bionanotecnología, por lo que su trabajo se aprecia en la piel de Samantha la cual es muy similar a la humana, su cabellera rubia y larga llama la atención y principalmente reacciona al placer sexual, la robot también llama a su dueño por su nombre. Un robot como Samantha cuesta alrededor de 4,000 dólares y de acuerdo con Sergi, ya ha vendido 15 modelos.

Actualmente en Londres ya existe una cafetería donde hay robots sexuales para satisfacer a sus clientes, la inserción de estas máquinas en la vida humana es un hecho.

Peter Laskaris, el administrador de un burdel en Viena indicó que los burdeles están incorporando robots a su repertorio de trabajadoras sexuales.

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