Incas sacrificaban sus niños para inspirar temor

Post by cafe-admin
hace 5 años

Restos de alcohol y de coca en tres niños asesinados hace 500 años en un volcán argentino sugieren prácticas brutales para inspirar miedo en los pueblos conquistados por los incas.

Durante siglos, estas historias de niños asesinados en los cerros parecían leyendas, hasta que en el siglo XX empezaron a aparecer los cadáveres casi intactos de los pequeños, congelados en las frías cumbres de Los Andes. En 1999, un equipo dirigido por el explorador estadounidense Johan Reinhard se encontró en la cima del volcán Llullaillaco, a más de 6.700 metros de altura en el norte de Argentina, los cuerpos de un niño y una niña, de entre 4 y 5 años, allí estuvieron sometidos a temperaturas de 40 grados bajo cero y un tercer cadáver de una adolescente de 13 años, tan bien conservada después de 500 años que sus descubridores aseguran que parecía dormida. La llamaron La doncella.

Un equipo de científicos analizó los restos asesinados en algún momento entre 1480 y 1532, para intentar iluminar las causas de su muerte. Los investigadores liderados por el arqueólogo Andrew Wilson, de la Universidad de Bradford (Reino Unido), han estudiado los cabellos de los niños en busca de sustancias químicas derivadas del consumo de coca y chicha. Siguiendo los cabellos desde la raíz hasta las puntas, los científicos han podido rastrear la dieta de los niños hasta 21 meses antes de sus muertes.428d681f-fdfd-4e4d-90dc-ba53570f7b15_AP070906017358_16

El estudio, que se publica hoy en la revista PNAS, muestra que la adolescente de 13 años consumió más hojas de coca y alcohol que los otros dos niños. Su creciente patrón de consumo sugiere, según los investigadores, que la bebida y la coca fueron empleadas para forzar la participación de la niña en la ceremonia que acabó con su muerte.

Según la experta en arqueología andina Alicia Alonso, las culturas precolombinas vivían atemorizadas por las montañas que para ellos  eran sus dioses, entonces debían estar bien con ellos y por eso les hacían estos sacrificios ; en La Capacocha un ritual anual “la mayor ofrenda que se podía hacer era un niño, cuanto más bonito mejor”, señala la arqueóloga que no está vinculada al estudio.

Sin embargo, opina Emma Brown bioarqueóloga de la Universidad de Bradford y coautora del estudio de los cabellos de La doncella, “La ceremonia fue un despliegue de poder ritual diseñado para inspirar temor y miedo en en los pueblos conquistados, como medio de control social y legitimación política seguidas por el expansionista Estado inca antes del contacto con los europeos”.

El Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta (Argentina), se encarga de custodiar las llamadas momias de Llullaillaco, y según ellos la creencia inca, los niños ofrendados no morían, sino que se reunían con sus antepasados, quienes observaban las aldeas desde las cumbres de las altas montañas”. Aunque, el misionero jesuita español Bernabé Cobo dejó escrito en 1653 que los padres “eran obligados a hacerlo [entregar a sus hijos para el sacrificio] con gestos de felicidad y satisfacción”. Para los autores del nuevo estudio, las palabras de Cobo muestran que el Estado inca había creado “un clima de terror” llenando las montañas de niños muertos.

Send this to a friend